Fraga, Gladys
Nacida en ¿La Habana?, el 24 de Enero de 1932.

Con sólo 12 años obtuvo su primer triunfo en el programa de radio “Buscando
Estrellas”.

Después fue una joven de preciosos ojos verdes y alta estatura, que comenzó a
trabajar en un comercio de la ciudad de La Habana. Era una hermosa muchacha,
alegre, de trato singular, a quien la radio y la televisión se encargarían de hacer
popular.

En 1950 inauguró la televisión cubana y, en el Programa “Bar Bacardí”, interpretó
como primera canción “Flor del Yumurí”.

En el canal 4 y en el programa “Escuela en TV” le otorgaron el primer premio. Este
hecho le abrió paso ante las cámaras y comenzó a participar en los programas:
Serenata Cubana, Regalías el cuño, Jueves de Partagás, Álbum de Cuba, Bacardí y
Hatuey, Noche Cubana, Fiesta con Bacardí, Casino de la Alegría, Palmas y Cañas.

Como soprano actuó en numerosos escenarios tanto de la ciudad de La Habana
como del resto del país. Participó, entre otras en las siguientes óperas y zarzuelas:
Manon, Fausto, La traviata, Madama Butterfly, Tosca, La bohème, El trovador, Cecilia
Valdés, Luisa Fernanda, Los Gavilanes, María la O, Rosa la china, El cafetal.

En la radio también se escuchó su melodiosa voz en los programas “Fiesta a las
nueve” y “Alegrías de Sobremesa”.

En La viuda alegre compartió el papel protagónico con Rosita Fornés. Trabajó en los
escenarios con los mejores cantantes de su época: Ester Borja, María de los
Ángeles Santana, María Remolá, Alba Marina, Ramón Calzadilla, etc.

Todos los comentarios de la prensa de la época coincidían en que era una de las
cantantes jóvenes cubanas con más calidad y escuela, así como una bella y
magnífica soprano.

Esta es la opinión de Ester Borja: “Quedé sorprendida cuando la escuché por
primeras vez, joven muy bonita, con una voz extraordinaria, que hubiera podido hacer
carrera no sólo aquí sino en el extranjero pues unía a estas cualidades: dedicación,
talento y responsabilidad. Tuve la suerte de verla trabajar en Álbum de Cuba, siempre
dispuesta a aprender, a dar lo máximo de su arte, era muy cariñosa, muy dulce y muy
buena amiga”.

Cuando viajó a Matanzas el año 1969 conoció a Alfonso Llorens, con quien se casó y
con tal motivo abandonó los escenarios de los afamados teatros de la Capital, la
Opera Nacional donde era estrella indiscutible y comenzó su vida artística en
Matanzas, la bella ciudad de los puentes, la Atenas de Cuba.

Se incorporó junto a su esposo al Grupo Teatro Lírico de Matanzas realizando
múltiples actividades, es aquí donde se ganó el sobrenombre de “Cecilia” por su
magnífica interpretación de este personaje.

Faltándole apenas un mes para nacer su hija actuó en Matanzas y por estos días el
Periódico Girón publicó: “Cecilia Valdés tuvo una hermosa niña. El último 6 de
diciembre nació en el Hospital de Maternidad la hija de Cecilia Valdés a quien la
nombraron sus padres Roxana”.

Participó en todos los actos importantes de la vida cultural de Matanzas: Escuela de
Enfermeras en la 10ª Velada Educativa; Programa del Auditorio matancero con la
Orquesta Sinfónica de Matanzas con motivo del 281 Aniversario de la Fundación de la
Ciudad, homenaje a las madres organizado por la dirección regional de Servicios
Comunales y de Cultura, en el Teatro Sauto con motivo de la proclamación de
Monumentos Nacionales del Teatro Sauto, Castillo San Severino, Museo El Morrillo.

Fue miembro de la UNEAC y profesora de canto de la Escuela de Superación
Profesional de Matanzas.

Dos meses antes de su muerte, en el Rincón Lírico de Matanzas, cantó Celos de
Lecuona. Al final tocó unos solos al piano Gilberto Pérez Lavastida que invitó a los
cantantes que habían intervenido a cantar con su acompañamiento; ella no pudo
quedarse porque sus obligaciones familiares se lo impidieron pero eso no fue óbice
para que los asistentes al acto reconocieran que había lucido como siempre, a pesar
de sus 65 años.

Luego le vino un derrame cerebral al que no pudo sobrevivir.

Murió en Matanzas el 17 de Febrero de 1997.