Tolón, María Teresa
Nació en La Habana en ---, ---- de 1935 Falleció en La Habana el 11 de enero de 2011.

El siguiente escrito proviene de la hija de la Sra. Tolón, conocida por sus amigos como Trenchy.

Tenchy pasó la madrugada siguiente al 11 de enero sentada en la computadora. Su madre había fallecido en Cuba y ella,
radicada en Dinamarca, no podía encontrar alguna buena razón para dormir. Mientras dejaba pasar las horas y pensaba en
la mejor manera de encontrar un vuelo a La Habana, Tenchy fue subiendo a su Facebook las fotos de María Teresa Tolón, y
no pocos amigos quedamos extasiados con el retroencanto de aquella esbelta mulata, una de las más sobresalientes
cantantes líricas de los años cincuenta y sesenta en la isla.
A Tenchy – que es la mejor y más familiar manera de decir “Hortensia Domínguez Tolón” – la conocí brevemente en una de
aquellas Escuelas Internacionales de Teatro en Machurrucutu, en la época en la que ya se comentaba que había sido la
musa viviente de una de las canciones más conocidas de Carlos Varela (“India, qué lindo encanto, sabes andar
desnuda…”), pero mi amistad con ella creció sólo hace pocos años, gracias al concurso inefable de internet y sus redes
virtuales.

Pero aunque ya sabía que Tenchy había estudiado guión en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio, y que había
creado, mientras vivía en Portugal, un formato para televisión que, luego de ser vendido por una ganga a cierta cadena
poderosa, se convirtió en uno de los shows con competencia de bailes de mayor fama internacional, sólo ahora me entero
de que su fallecida madre había sido una destacadísima figura del bel canto cubano, que había actuado junto a los más
grandes y que había tenido un especial destaque en programas como Fin de semana en TV, Garrido y Piñero, Álbum de
Cuba y San Nicolás del Peladero, lo mismo cantando que actuando.
.
Aparentemente, una enemistad con algún funcionario administrativo del Teatro Lírico
Nacional, en los tempranos sesentas, hizo que María Teresa Tolón no fuese nunca integrante de aquella compañía, y que
por lo tanto su carrera ya no fuese más tenida en cuenta por buena parte de la crítica y las carteleras que ya habían
comenzado a depender directamente de un mismo tronco común oficial.
.

Buscando registros de su trabajo, apenas aparecen algunas referencias que la colocan, a la altura de figuras como Rosita
Fornés, Celia Cruz y Olga Guillot, en los grandes espectáculos de Tropicana, desde 1952. Luego, de no ser por las fotos
que conservó su hija, sería difícil devolver a la memoria cultural de Cuba a esta notoria actriz y cantante, de natural belleza
criolla y aparato vocal privilegiado.
Según cuenta Tenchy en Facebook, sólo regresó a Tropicana en un breve período entre 1977 y 1978, y ya en los ochenta
No hubo nota en la prensa nacional sobre su muerte, sobre la tranquila muerte que tuvo, mientras dormía, esta señora del
canto lírico cubano. Algo más fuerte que ella la confinó las últimas décadas al silencio, y ni siquiera su hija, con todo y
solapín de la televisión, tuvo la autorización para buscar, en los noventa, algún viejo kinescopio de la videoteca donde
pudiese ver a su madre en las épocas de mayor esplendor. ¿La diva Tolón se habría ganado la enemistad eterna de los
directivos, o simplemente la ignorancia y la abulia institucional impidieron a su hija acceder al valioso material de archivo?

Apenas un vídeo de youtube, de misteriosa pero afortunada procedencia, subido hace pocos meses, nos deja ver a una
Tolón elegante, de fibra musculosa y delicada al mismo tiempo, con una cintura que delata, o bien que Tenchy aún no
había nacido, o que la señora se había recuperado ya de la mejor manera posible. Ese vídeo nunca fue visto en aquel
programa, Contra el olvido, donde Rakel Mayedo presentaba, hace una década, las rarezas arqueológicas de la televisión.
Esa función ahora la tienen Youtube y otros sitios, al menos para los cubanos que en otras partes del mundo pueden
acceder a la 2.0, sin necesidad de que algún funcionario lo autorice.

De vuelta en Dinamarca mi amiga se recupera de la pérdida mientras ocurre el milagro, una vez más gracias a la tan
vapuleada red de redes, de que la memoria cultural cubana ya no sea más patrimonio de unos cuantos burócratas.