Divas Cubanas, gemas del firmamento musical.
Si hay un hecho que siempre he querido explicarme en la historia del arte lírico cubano, es
el de la fértil florescencia de sobresalientes voces femeninas. Más fácil de entender, sin
embargo, es el predominio de las sopranos --pues corresponde a una tendencia casi
universal--, mayoritariamente líricas, y ligeras o de ``coloratura''.
Como siempre, una sola razón no nos alcanza para explicar casi ningún fenómeno, y éste
no me parece una excepción.
Creo ver una primera causa en aquella buena costumbre de las familias cubanas
distinguidas, desde el origen de la burguesía criolla hasta la época republicana, de propiciar
a sus hijas cuando menos una básica formación musical, de la que normalmente formaba
parte --junto al piano-- el canto.
Me dirán que se trata de una tradición común a muchas sociedades, pero concretamente en
Cuba, antes del cancer socialista, estuvo reforzada por otros factores confluyentes, uno de
ellos el hecho de que la isla fue durante más de una centuria lugar de paso e importante
plaza para compañías españolas e italianas de zarzuela y ópera. No es difícil imaginar el
influjo ejercido en nuestras jóvenes aficionadas al canto por tantas heroínas líricas y las
afamadas intérpretes que las encarnaban sobre los escenarios habaneros y de otras
ciudades del país.
No mucho tiempo después de instaurada la república, surgieron sociedades culturales
donde las mujeres cubanas con inquietudes artísticas pudieron manifestar sus talentos para
la poesía, la plástica o la música. Tan menospreciadas en tantos campos por una sociedad
de herencia patriarcal, ello debió servirles como un aliciente poderoso. No es casual --y fue
otro impulso más-- que la directiva de varias de esas instituciones estuvieran compuestas
parcial o totalmente por mujeres.
Así, por ejemplo, la Sociedad Pro Arte Musical y su espléndido teatro Auditorium de La
Habana fueron el centro de una actividad del más alto nivel internacional en su época,
como no la hubo nunca, ni antes ni después, en Cuba.
Recordemos que por allí pasó casi todo lo mejor del canto en su máxima expresión, que es
la ópera. Una vez más imaginemos la impresión y el natural impulso imitativo de aquellas
muchachas enamoradas del canto frente al arte sublime de divas como Renata Tebaldi,
Zinka Milanov, Victoria de los Angeles y muchas más.
Al mismo tiempo se estaba generando un proceso que pasó a ser página de oro en la
historia de la música y el teatro cubanos. Un grupo de brillantes compositores encabezado
por Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, junto a algunos talentosos
libretistas, crearon todo un género lírico nuevo y lo mantuvieron intensamente vivo por
varias décadas: la zarzuela cubana. Lecuona organizó, además, una compañía femenina de
duradero éxito internacional de la que formaron parte muchas de las cantantes mencionadas
aquí.
Basta echar un vistazo a los títulos de las numerosas obras de estos tres colosos para leer
muchas veces el nombre de una mujer. Ahí están  Cecilia Valdés,  María la O,  Amalia
Batista,  Niña Rita y tantas otras, algunas de ellas creadas expresamente para una
intérprete en particular.
Al calor de estos hechos en interacción, se formaron varias generaciones de notables
cantantes femeninas. Pero fueron tantas, que haría falta páginas enteras para mencionarlas
a todas.
Hay nombres, sin embargo, imprescindibles por diversas razones, y sin orden
premeditado alguno van surgiendo los de Rita Montaner, a quien llamaron ''la Unica'';
Esther Borja, la Damisela Encantadora de Lecuona; Martha Pérez.
Igualmente de aquel dorado medio siglo, y entre lo más excelso, son Blanca Varela,
Hortensia Coalla, Rosario García Orellana, Edelmira de Zayas, María de los Angeles
Santana, Tomasita Núñez, Caridad Suárez, Carmelina Santana, Luisa María Morales,
Zoraida Marrero, Carmelina Rosell, Ana Margarita Martínez Casado, América Crespo,
Zoila Gálvez, Alba Marina, Esther Valdés, Sarita Escarpenter, etc.. La mayoría de ellas ya
no están con nosotros. Muchas lograron escapar a Estados Unidos y aquí continuaron sus
exitosas carreras.
Sería injusto no agregar a esa lista los nombres de tres divas no nacidas en Cuba , pero que
se abrazaron a ella hasta el fin de sus vidas: Tina Farelli y María Fantoli, italianas, y
Mariana de Gonitch, rusa, grandes pedagogas que formaron a decenas de las cantantes a
quienes rendimos ahora merecido homenaje.  
A pesar de la tirania comunista después de l959, bajo condiciones desastrosas por la
ausencia de libertad, Cuba siguió viendo nacer y desarrollarse cantantes extraordinarias,
dentro y fuera de sus estrictas fronteras geográficas. Seguramente un día, cuando llegue la
ansiada libertad, podremos hacer la gran suma de un siglo entero. Pero aquel pasado tan
glorioso quedará de todos modos como algo irrepetible.•