Sorg, Amalia
Aunque conocimos a la Sra. Sorg en el año 1961 en el Teatro Auditorium de La
Habana, tenemos muy pocos datos sobre esta admirada artista, A continuación se
incluye un ensayo donde se la menciona.

Los Bufos Habaneros ofrecían funciones en  el Teatro Villanueva. Sin embargo,
desde mucho antes, los escenarios de La Habana habían dado cabida a obras
realmente precursoras del género. Entre Covarrubias (1775-1850), José Agustín
Millán y Bartolomé José Crespo (1811-1871). Esta forma teatral-musical, originaria
de Italia, y desarrollada ampliamente en Francia, se caracteriza por su vena ligera y
humorística, y se afirma en las más auténticas expresiones de lo popular. En Cuba,
tiene como legítimos antecedentes al sainete y la tonadilla escénica de origen
hispánico. A partir de 1868, teatros como el Cervantes, se dedicaban
exclusivamente al genero bufo, que, por su condición de espejo de sentimientos
nacionales, se convirtió en vocero de las ansias de independencia del pueblo
cubano. Las autoridades españolas cerraron durante un tiempo el Cervantes, y
reprimieron las manifestaciones emanadas del teatro bufo. El 22 de enero de 1869,
durante una representación de la pieza bufa Perro huevero aunque le quemen el
hocico, de Juan Francisco Valerio, los voluntarios asaltaron el teatro Villanueva, y
dispararon contra el publico, en su mayoría cubano, que manifestaba sus
sentimientos anticoloniales al influjo de las referencias patrióticas contenidas en la
obra, y hubo numerosos muertos y heridos. En 1880 logran enorme popularidad en
La Habana "los bufos de Sala". Años antes, dos compositores, Francisco Valdés
Ramírez y Enrique Guerrero, habían dedicado esfuerzos musicales al genero. En
1882 una compañía de bufos habaneros actuó en México. Casi todos los
argumentos del bufo se basan en tres personajes: el negro, el gallego y la mulata; y
a través de ellos se satiriza el ambiente burgués de la Cuba prerrevolucionaria,
afirmándose los genuinos valores de las clases populares, aunque generalmente
posan de ciertos giros vulgares y populacheros que le restan eficacia. Como señala
Natividad González Freire, estas obras "estaban divididas en cuadros separados
entre sí por números musicales y un cuadro final compuesto por una Charanga
estruendosa por toda la compañía" (Teatro cubano,1961) A lo largo del siglo XX
diversos teatros dieron cabida a las compañías bufas, entre ellos el Moulin Rouge,
donde sobresalía un Arquímedes Pous, el Martí y, sobre todo, Alhambra. Entre sus
libretistas destacados, debe citarse a Federico Villoch (1866-1927), Gustavo
Robreño (1873-1957), Mario Sorondo y Carlos Robreño (1903-1972), y entre los
compositores a Jorge Anckermann (1877-1941), Manuel Mauri (1857-1939) y José
Mauri (1855-1937). Entre las muchas obras que alcanzaron popularidad figuran La
casita criolla, de Villoch y Anckermann, y El velorio de Pachencho, de los hermanos
Robreño y Mauri, que han merecido reposiciones recientes. En el tablado del
Alhambra brillaron las actuaciones de
Amalia Sorg, Luz Gil, Blanca Becerra, Regino
López y Adolfo Colombo, entre otros; mientras que en Teatro Martí descollaban
tiples cómicas del calibre de Alicia Rico y de Candita Quintana, junto a actores
como Alberto Garrido y Federico Pinero. "El papel desempeñado por los bufos en la
evolución de la música popular cubana fue considerable. Gracias a ellos, todos los
tipos de canciones y bailes urbanos y campesinos fueron sacados a la luz,
difundidos y mezclados. Las exigencias de la escena diversificaron géneros
nacidos de un mismo tronco. Lo negro cobró definitiva vigencia. Alhambra fue,
durante treinta y cinco años, un verdadero conservatorio de ritmos nacionales.